La embestida de lo literal
La fiesta brava es una celebración ritual mítica que se ha mantenido por miles de años, es una fiesta de vida que se deriva de los cultos a la vaca y la luna, el culto a la vid y el vino, como también de los cultos del toro salvaje en la antigua Mesopotamia y las culturas mediterráneas. "El más directo origen de la tauromaquia está en el culto y sacrificio del toro, de modo que su raíz histórica es religiosa."

San Jerónimo de Montería, Colombia.


"Los toros son ángeles que llevan cuernos", decía Picasso acerca del noble animal que se sacrifica en las plazas. Vivimos en las postrimerías de la era del signo, entramos de manera estrepitosa a la era literal, en los medios, en la calle y en las redes sociales nos enfrentamos a información escueta, directa y sin contexto, hasta la música es literal, «demasiado "me gusta, me gusta, me gusta" y poco de romance», dijo Alberto Salcedo Ramos en el Encuentro intercultural de comunicación y territorio Caribe llevado a cabo en Santa Marta, Magdalena, en septiembre de 2017. Ya nada simboliza ¿O sí?


La mañana de un domingo cualquiera, con un grupo de amigos, recorríamos en bicicleta las trochas de Montelíbano, Córdoba, importante departamento ganadero de Colombia; quien encabezaba el grupo abría las talanqueras para cruzar entre las fincas que atravesábamos, donde, por lo general, hay Ganado Cebú, Brahman y Romosinuano. Yo me quedé atrás para cerrar las puertas cuando pasara el grupo y evitar que se saliera el ganado. Al seguir mi camino para alcanzar al grupo vi a un bovino del lado izquierdo de la trocha, no le di importancia hasta que se movió inquieto hacia mí, era un toro bravo cuidando a su manada y yo estaba en su territorio. Logré apretar el paso y salir de ahí a tierra segura. Al comentar con los compañeros, confirmaron mi sospecha, se trataba de un toro con sangre Miura en su linaje, una de las castas más bellas y de mayor bravura. La bestia pertenecía a una de las ganaderías que usa sus becerros y vaquillas para las corralejas, una de las fiestas más populares de la cultura Caribe colombiana. Es lo más cerca que había estado de un toro desde aquella vez en la que, envalentonado por el licor, me lancé al ruedo frente a una vaquilla en una becerrada organizada para celebrar la fiesta de fin de año del grupo empresarial para el que trabajaba. Aunque mis movimientos fueron torpes, le saqué unos pases con el capote a la vaquilla y salí sin estropearme.


La tauromaquia, como fuente de información y como manifestación cultural, poco a poco se ha ido quedando sin espacios de discusión salvo algunos programas especializados en medios radiales. En las salas de redacción desaciertan, se notan incómodos al presentar la tauromaquia dentro de las secciones de deportes o entretenimiento. En la calle, de manera virulenta, algunos gritan "asesinos" a los taurinos, los aficionados se han convertido en una suerte de minoría acorralada que sobrevive de anécdotas y glorias pasadas.


El activismo político en contra de las corridas de toros es la esencia del movimiento antitaurino y claro, la defensa y protección de la fiesta brava como manifestación cultural, la del aficionado taurino. Conversando con mi padre, Gonzalo, argumentaba él sobre esta polémica diciendo: “no se puede negar la violencia de las corridas de toros, son un espectáculo cruento, y si vamos a hablar de violencia, empecemos por hablar de la violencia que significa una sociedad que no se conmueve con la pobreza ni con el hambre en las calles ni con la guerra. No son comparables, pero sí que necesitamos hablar de ello”. En ese mismo sentido el escritor español, Tomás Segovia, diserta sobre los argumentos a favor y en contra de las corridas de toros en su ensayo de género epistolar “Amigo taurófilo”, documento en el que expresa que su posición en este tema “consiste decididamente en no tomar posición. Me parece en efecto que hay cuestiones ante las cuales, mientras no encontremos una auténtica certeza, no tomar posición no es sólo un derecho, sino una actitud bastante recomendable.” El ensayo saldría publicado por primera vez en el número 204 de la revista Vuelta, en noviembre de 1993 y reeditado por la Revista de Estudios Taurinos N.º 34, Sevilla, 2014, págs. 77-96 (Recuperado de http://institucional.us.es/revistas/taurinos/34/art_2.pdf).


La fiesta brava es una celebración ritual mítica que se ha mantenido por miles de años, es una fiesta de vida que se deriva de los cultos a la vaca y la luna, el culto a la vid y el vino, como también de los cultos del toro salvaje en la antigua Mesopotamia y las culturas mediterráneas. "El más directo origen de la tauromaquia está en el culto y sacrificio del toro, de modo que su raíz histórica es religiosa." HOLGUÍN, Andrés; HOLGUÍN, Carlos. Toros y Religión: el rito de la tauromaquia. Editorial Revista Colombiana, Bogotá, 1966.


El toro de lidia es un animal sagrado, bravo, recio, noble; símbolo de fecundidad, poder y de vida. El torero, por su parte, "tiene características propias que lo asemejan a un sacerdote que, se diría, ejecuta el rito sacrificial del toro.” No cualquiera puede lidiar y matar. “No basta con conocer el oficio y la técnica taurina. Para llegar a ser matador se requiere un largo proceso. Los simples novilleros no pueden lidiar ni matar toros de edad y peso reglamentarios o vestir traje de luces ni intervenir en corridas propiamente dichas". (Op. Cit)


La lidia es un acto litúrgico, en ella un sacerdote hace un sacrificio. El sacrificio es un ofrecimiento de una persona, animal o cosa a una divinidad, "es la ofrenda que se hace sagrada o se "con-sagra". Porque la palabra sacrificio deriva etimológicamente de "sacrum" y "facere", es decir, hacer sagrado." (Op. Cit)


Al encontrarse toro y torero en el ruedo para celebrar la liturgia chocan dos mundos, el mundo real y el mundo mítico, el carácter sacramental de las corridas de toros hacen que todo a su alrededor esté adornado, se adorna al toro con colores, cintas y banderillas; se adorna el torero con el traje de luces que tiene evidente carácter sacramental, así como los asistentes que usan sus mejores galas de la misma manera como cuando van a un servicio religioso, inclusive los pasodobles que toca la orquesta en el balcón representan a los coros celestiales. Todo en la plaza comunica, todo es una construcción simbólica, todo es una estrategia para entrar al mundo metafísico y conquistar la muerte. El toro es dios, pero el toro también es la muerte, al derramar la sangre del toro el torero conquista al dios, obtiene su poder y fecundidad. Con la muerte del toro, el torero triunfa sobre la muerte misma para celebrar la vida.


A las 3:30 pm del domingo 30 de junio de 1996, en el inicio de las ferias y fiestas de San Juan de Rioseco, Fermín, sería la segunda espada para el primer encierro en la Monumental plaza de toros la Sanjuanera. Fermín, un bogotano criado en el tradicional barrio Las Cruces, es torero, un matador técnico y talentoso. Enjuto como es, su apariencia no advierte su fuerza ni su empuje, se gana la vida como profesor en la escuela taurina de Bogotá. A sus 40 años y algunas canas es un torero emergente, haber tomado la alternativa hace años en una plaza de pueblo lo puso en un segundo lugar en el mundo taurino, debe confirmar la alternativa en la plaza de toros La Santamaría de Bogotá para tener una oportunidad como torero principal en una corrida de toros.


Hacía tiempo que quería hacer algunas fotos de corridas de toros y Diego, el menor de mis tíos, un militar en retiro de casi 1,80 m de estatura y estudiante de la escuela taurina de Bogotá, me convenció de llevarlos hasta esa población de la provincia de Magdalena Centro en el departamento de Cundinamarca. Fermín tendría su oportunidad de estar en una corrida, mi tío, quien para entonces era un torero emergente con el nombre de Diego de Los Ángeles, sería su mozo de espadas y yo, por llevarlos, tendría mis fotos. Yo nunca había estado en ese ilustre municipio que fuera cuna de doña Rosaura Ayala de Turbay, madre del expresidente Julio Cesar Turbay Ayala, ni mucho menos sabía cómo llegar. Ese domingo nos encontramos y salimos a las nueve de la mañana en un recorrido que no debía durar más de dos horas por una carretera escarpada, pero no sabíamos qué carretera tomar, preguntamos, nos indicaron que saliéramos por la vía a Medellín hasta encontrar el letrero que decía “A San Juan”. Llegamos hasta un punto cercano a El Rosal y estaba el letrero, seguimos el camino según la indicación y el aviso hasta que se acabó la carretera. Estábamos perdidos y ya eran casi las once de la mañana.


Nos topamos con una patrulla de la Defensa Civil que nos indicó, con mapa en mano, que debíamos atravesar la cordillera hasta Sasaima y de ahí llegar, desde el sur, a San Juan. Al llegar a Sasaima la multitud agolpada en las calles viendo el desfile de carrozas adornadas con gran variedad de frutas nos anunciaba que el pueblo estaba de ferias y fiestas que no las de San Nicolás de Tolentino, patrono del pueblo, que se celebran en diciembre. Lo cierto es que el tráfico estaba colapsado. Andando por callejones para evitar la multitud y las calles cerradas logramos retomar la carretera y ya era la una de la tarde. Cuando por fin encontramos nuestro camino un conductor al que paramos en la carretera para preguntarle a cuanto estábamos de llegar, nos respondió: “en ese carrito, unas tres horas”. Siendo así no alcanzaríamos a llegar a la corrida, igual seguimos nuestro camino.


El ritual solemne de vestir al torero de luces, poner la taleguilla, abrochar los machos, poner la coleta, que toma al menos una hora con sus respectivos rezos a la virgen de la Macarena, tendría que hacerse en el asiento trasero de un pequeño Citroën AX, transitando por una carretera polvorienta a toda velocidad. Haciendo mi mejor esfuerzo y exigiéndole al máximo al vehículo llegamos justo en el momento en el que empezaba el paseíllo, quince minutos tarde.


En el encierro de 6 toros cuyo cartel ya no importa, que se malograra la corrida, que el torero no pudiera matar al toro por algún percance que se lo impidiera, como que recibiera una cornada o una lesión grave, es la función de la segunda espada darle muerte al toro, de ahí su nombre. Esa sería la única oportunidad de Fermín para concluir una corrida. Esta es quizás su última oportunidad.


En el tercio de varas, el primero de la corrida, se pica al toro para medir su bravura, para que se defienda, para que embista, tercio que sigue con la suerte de capote en la que el torero hace algunos pases para provocar al toro, para conocerlo. Luego, en el tercio de banderillas se adorna al toro con arpones que llevan ese nombre y que ayudan a aliviarlo de la tensión causada por la pica en el tercio de varas; sigue el tercio de muerte, el momento culmen de la corrida donde “tiene lugar el enfrentamiento del matador con el toro. El matador realiza la faena de la suerte de muleta y posteriormente le da muerte al toro con el estoque.” En esta danza ritual todo está calculado, todo tiene un propósito: consagrar al toro, vencer a la muerte. (Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Corrida_de_toros)


El encuentro litúrgico termina en la monumental. Los toros bravos, consagrados, se fueron al cielo con los dioses, quizás al encuentro del minotauro; los toreros recibieron la gloria con el aplauso del público, una vez más se enfrentaron a la muerte y la vencieron; el mozo de espadas vio los toros desde la barrera, habrá aprendido alguna lección; en medio del afán por llegar a tiempo a la faena y por ayudar con el ajuar del torero olvidé la cámara en el carro, no hice las fotos que quería. Fermín, apenas pudo lucir uno que otro pase con el capote, nunca tuvo su oportunidad frente al toro, quizás por el sino de su nombre solo pudo correr persiguiendo a los toros en búsqueda de una oportunidad, jamás llegó a ver su nombre en un cartel. Jamás lo volví a ver.


“A San Fermín pedimos

por ser nuestro patrón

nos guíe en el encierro

dándonos su bendición

Entzun arren San Fermín

zu zaitugu patroi

zuzendu gure oinak

entziero hontan otoi

¡Viva San Fermín! ¡viva!

¡Gora San Fermín! ¡Gora!”


Ese es el cántico que hacen, tres veces, los corredores, en la previa de cada encierro, todas las mañanas de los sanfermines, en el callejón de Santo Domingo (primer tramo del encierro), frente a la imagen del santo, para pedir la protección de San Fermín cuando van a correr junto a toros bravos, conduciéndolos desde los corrales, por las calles de Pamplona, Navarra, España, hasta la Plaza de toros Monumental de Pamplona, donde se van a lidiar en las horas de la tarde. Este cántico se hace desde inicios de la década de 1950 aproximadamente y más recientemente incluyendo la forma bilingüe, en euskera, desde el 7 de junio de 2009.


Como es costumbre, los corredores más tradicionales de los encierros llevan atuendo blanco simbolizando la pureza del santo, primer obispo de Pamplona y obispo de Amiens, Francia; un fajín, rojo, amarrado a la cintura y un pañuelo, también rojo, amarrado al cuello, colgando hacia el pecho semejando la sangre derramada por San Fermín en su martirio en la mencionada localidad del norte de Francia. Allí “la oposición oficial a la doctrina cristiana le granjeó la cárcel, donde, tras negarse a cesar su prédica, fue degollado.” (Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Ferm%C3%ADn_de_Amiens) Los demás corredores, buscando protagonismo mediático, usan las camisetas de los equipos de fútbol de su afición, colores o señales distintivas que los destaquen entre la multitud durante la transmisión televisiva.


A los taurinos más ortodoxos no les gustan mucho los encierros porque los toros se estropean, dicen, y quedan “avisados”, potencialmente poniendo en peligro a los toreros. Aunque el punto central de los Sanfermines son los festejos religiosos, culturales y las corridas de toros, en los medios de comunicación pasan a un segundo plano, en parte, por la participación multitudinaria de los encierros, causa fascinación ver correr a miles de personas por las calles de Pamplona junto a cabestros y toros bravos, adrenalina pura. Para los corredores es una oportunidad única ponerse cerca de un toro de lidia así sea por unos segundos en un encierro que puede durar entre dos y cinco minutos aproximadamente.


Las fiestas religiosas con corridas de toros en honor a San Fermín se celebran desde la edad media. Encerrar a los toros, llevándolos desde los corrales hasta la plaza se hace desde el siglo XVI, pero la tradición adquiriría notoriedad internacional en la década de 1950, por la concurrencia a toros de personajes como Orson Wells o Ernest Hemingway, quien ya en 1926 había publicado el libro Fiesta ubicando la historia entre España y Francia, obra llevada al cine en 1957. Recuerdo las fotos tomadas por Robert Frank en Valencia, España, sobre las corridas de toros y que fueran publicadas en su libro de 1986, “The Lines Of My Hand” (Las líneas de mi mano). Hay que decir que Pamplona no es el único lugar en España donde se hacen encierros, pero sí son los más conocidos. Los sanfermines, siendo una celebración centenaria, se han convertido en una de las fiestas populares más grandes del mundo. Ahora son una fiesta internacional, inclusiva y diversa.


En entrevista con Javier Solano durante la transmisión de la Radio Televisión Española -RTVE- del 10 de junio, comentando el cuarto encierro de los sanfermines de 2018, Manuel Sagües, corredor, periodista y crítico taurino, habló del fragor que implica correr junto a los toros por unos cuantos metros en el callejón de Santo Domingo: “en Pamplona tenemos la costumbre de correr como los antiguos carniceros que salían con el mandil”. (Recuperado de http://www.rtve.es/alacarta/videos/sanfermines/vive-san-fermin-cuarto-encierro/4659178/ ).


Los sanfermines no han estado libres de controversia, no solo por las heridas por asta y contusiones que se presentan en cada feria, inclusive con la ocasional herida potencialmente mortal de algún corredor, sino por las manifestaciones antitaurinas y también porque al margen de la fiesta brava se han presentado casos de agresiones sexuales a mujeres aprovechando la multitud en los festejos callejeros en los que hay poco control, como en el caso de la violación que sufrió una mujer de 19 años por cinco hombres en el publicitado caso de “La Manada” que fuera el tema de discusión en los sanfermines de 2017.


Volviendo a la entrevista de 2018 en RTVE, Solano le pregunta a Sagües sobre “la polémica de este año de la posibilidad, como hipótesis de encierros sí, corridas no ¿cuál es tu opinión?” a lo que Sagües responde: “bueno, es una tontería, un disparate”, y agrega, “no sería sostenible en ningún caso, la economía del toro que mueve tantos millones, miles de hectáreas, que es el principal componente de equilibrio ecológico de la península ibérica, desaparecería, y con ello, muchas especies y estamos aburridos de dar argumentos a los demás y la verdad lo que pido es respeto, además ante una cosa que es legal, al menos aquí.” (En España y por extensión en Colombia también) Y sentenció: “los toros no van a desaparecer nunca, porque como sea los taurinos lo haremos clandestinamente, montaremos un corral por ahí. Es curioso que durante siglos han prohibido los toros: papas, reyes, absolutistas, que ahora parece que son los del otro lado o son iguales.” (Op. Cit)


Mientras Nicolás Roa sobrevolaba en helicóptero la región del valle del río Pilcomayo, Paraguay, contratado por las Naciones Unidas para “buscar una manera de regular el río, que es muy tormentoso, diseñar un acueducto y un sistema de riego ya que es una zona agraria y ganadera muy importante”, por ser él un ingeniero forestal de aguas y suelos especializado en manejo ambiental de cuencas hidrográficas, regulación fluvial, control de inundaciones, aprovechamiento hidroeléctrico y de acueductos, vio unos toros bravos entre las manadas de bovinos sueltos por las planicies en estado silvestre. Era 1987.


Nicolás viajó a Asunción. La misma noche de su regreso, en un bar, les contó de su hallazgo a unos amigos españoles. El lío se armó cuando a este ingeniero bogotano, quien heredó de su familia la afición por los toros y el conocimiento del ganado bravo por el hecho de que creciera en la finca de su familia contigua a los corrales de la ganadería de la señora doña Clara Sierra y de Mondoñedo, con su característica terquedad lúcida (y lúdica también), les propuso a sus amigos organizar una faena con esos toros en la capital paraguaya, en un país ganadero, pero sin corridas de toros. Se pusieron manos a la obra, se pudo averiguar que un español que había vivido en la región del Pilcomayo llevaría al Paraguay unos cuantos toros de casta. Años después, con la muerte del hombre, los toros quedaron sueltos mezclándose con el ganado manso y organizando sus propias manadas. Aún había algunos toros purasangres. En cada sobrevuelo las manadas, que podían superar el centenar de cabezas, se dispersaban, pero los toros de casta, que sumaban una veintena, de forma natural se juntaban en la misma zona del extenso baldío.


Luego de certificar el linaje de los toros y hacer algunas gestiones municipales, se puso en marcha el plan de lidiar los toros en un coso hecho para tal fin. Ahora faltaban los toreros. Resultó que por esos días en un hotel de Asunción se hospedaba el cantante, actor de televisión y también torero mexicano Guillermo Capetillo mientras estaba de gira con su show musical, gira que empezó después de haber terminado la grabación de la telenovela colombiana “Los Cuervos”. Lo contactaron. Para tranquilidad de sus interlocutores les contó que por alguna manía y para aprovechar cualquier momento libre para entrenar, siempre viajaba con sus bártulos: traje corto, traje de luces, montera, capote, muleta y estoque, todo. Así que no fue difícil de convencer. Ya había un torero. Indagando entre el mundo ganadero local apareció luego un ecuatoriano torero de novilladas y tres jóvenes novilleros más. Estaba la cuadrilla completa. Ahora había que separar, encerrar y transportar a ocho machos de edad, peso y buena pinta para la corrida. Fueron necesarios dos camiones para recorrer los 850 kilómetros que separan a Pilcomayo de Asunción en algo así como 20 horas de camino.


De seguro que la luna estaba en cuarto creciente, todo se dio sin contratiempos. La increíble gesta de lidiar a muerte a ocho toros bravos encontrados en un paraje fue todo un éxito, se organizó la corrida; se montó una plaza en un sector de abastos de la municipalidad, se hizo un cerramiento con vallas metálicas, camiones y carretas que sirvieron de graderías; se cobraron entradas y acompañó la banda municipal que interpretó pasodobles, por supuesto que el tradicional “Gato montés”, compuesto por Manuel Penella Moreno como parte de la zarzuela que lleva el mismo nombre, fue uno de los que sonó; se condujeron los toros, había toreros y cuadrilla, se llenó plaza de espectadores que jamás habían visto una faena con toros de casta; se recaudaron dineros que no solo sirvieron para pagar los gastos propios del espectáculo, sino que con la gestión del embajador de Colombia, el Monteriano Héctor Lorduy Lorduy, se donó el excedente para el mejoramiento de la Escuela República de Colombia en Asunción. “La institución lleva el nombre de “República de Colombia” en homenaje a la fraternidad entre Paraguay y Colombia. Y, también por la ayuda que brindó la embajada colombiana para el mejoramiento y crecimiento de lo que hoy es el colegio.” (Recuperado de http://wwwcnrc.blogspot.com/) Fue un evento para todos, inolvidable.


Hablando sobre su retiro como torero en activo por una lesión, Manuel Díaz El Cordobés, se refirió a los retos que enfrenta la economía de la fiesta brava en una nota periodística publicada a través de Twitter en @toros el pasado 25 de octubre de 2018: “el mundo del toro necesita toreros, toreros de plazas de primera y toreros de plazas de tercera, porque en las mimbres del toreo, en el momento en que se pierda esa esencia, esos sitios donde los chavales podían ir y aprender para llegar a ser figuras del toreo, el toreo se irá cerrando puertas… había una época en la que íbamos a cualquier sitio y era un llenazo, alegría para el empresario, alegría para el ganadero, alegría para las cuadrillas, en la que un banderillero podía vivir de ser banderillero, hoy en día no pueden”.


El Cordobés también dio su opinión sobre lo que considera deben ser aspectos para tener en cuenta en la gestión de posicionamiento de los toros: “Cualquiera no puede llegar y decir: yo voy a abrir una taquilla y si no hay entradas, señores, aquí no hay nada. ¡No! Un momento. Hay que saber hacer las cosas. Yo he llegado a unas pocas de plaza y las he llenado hasta arriba, sabiendo adaptarse a los tiempos, utilizando los medios de comunicación, utilizando las redes sociales, yendo a presentar los carteles, estando con el pueblo. El toreo es vanguardia, el toreo en Nueva York… en Nueva York alucinan con el toreo, ponen una pasarela y ponen cosas de toros, en una cosa de modas ponen cosas de toros, porque el toreo es una cosa que tiene que seguir evolucionando. El primero, el importante, es el espectador, ni el aficionado, ni el taurino, el espectador. Ese es el que hemos dejado de lado y hemos dejado que se disipe, que se vaya para otro lado y ya no le interesen los toros. El día que se vayan los espectadores, entre los aficionados, los taurinos y los que somos de la familia del toro no llenamos ni una de tercera.” (Recuperado de: https://twitter.com/toros/status/1055403847974375425 )


Las Corralejas son la manifestación más popular y desprolija del mundo del toro, que ha encontrado su principal expresión en el Caribe colombiano, especialmente en las sabanas de Córdoba, Sucre y Bolívar. Aunque las corralejas no siguen las normas de la lidia del toro sí se organizan faenas con reglamentos para garantizar mínimos de seguridad de quienes participan en ellas y de los animales involucrados en los festejos, pero no dejan de ser difíciles de controlar. Garrocheros, banderilleros, novilleros improvisados, a pie o a caballo, ingresan al ruedo para exhibir su destreza frente al mítico animal, acompañados de bandas tocando porros y el público enardecido.


“En esto de las primeras fiestas en corraleja, para una mejor comprensión, hay que distinguir varios aspectos importantes, entre los cuales hay que destacar: el socioeconómico, el político y el folclórico. El aspecto socioeconómico dice relación a los intereses sociales y económicos que intervienen en la constitución y funcionalidad de la corraleja, en el cual toma parte principalísima un número de personas, por lo general de las clases populares. El político, de unos años para acá, es un aspecto que fue tomando sorpresivamente fuerza cuando caciques políticos, perpetuados en determinadas regiones, daban los toros para las fiestas a cambio de que el pueblo agradecido por ese gesto acudiera a las urnas a respaldar sus aspiraciones políticas. Y, finalmente, el folclórico el más importante”. Así explicaba Jorge Valencia Molina el 11 de octubre 1995 en el periódico El Tiempo el contexto en el que se dan las corralejas. (Recuperado de https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-427315)


Y agrega:

“La corraleja, es folclor, es sangre, es calor, es música, es nervio, es un grito delirante, colectivo, que se escapa de miles de gargantas y recorre los más recónditos rincones del sentimiento costeño. La corraleja es, asimismo, guapirreo de garrocheros criollos, osadía de manteros , machos que le vendieron el alma al diablo en tardes de fiestas memorables, con nombres de santos, cuando estos pueblos apenas comenzaban a crecer bajo el tedio de las bongas chiverudas y los caminos riales , con brujas y con espantos, se poblaron de gente campesina, sencilla y elemental, que viajaban jornadas enteras para llegar, después de un año de espera, a ese escenario folclórico tan íntimamente vinculado al temperamento del hombre nuestro.” (Op. Cit)


Estas celebraciones han estado cargadas de controversia por las afectaciones en la salud de los participantes en las corralejas que pueden sufrir heridas por asta y traumas osteomusculares sin cobertura de los servicios de salud, por el maltrato a los animales que se torean en varias plazas y las heridas que puedan sufrir los caballos que hacen parte de este ritual y por la vulnerabilidad del público en plazas quizás improvisadas donde se organizan las corralejas, se recuerda con tristeza la tragedia del 20 de enero de 1980 en Sincelejo, Sucre, donde murieron 500 personas y quedaron heridas mil más, “Las crónicas de la época narran que “los palcos engalanados” de los que habla la canción de Rubén Darío Salcedo en honor a este festejo tradicional, crujieron de un momento a otro y cayeron al suelo como castillo de naipes, ante la sorpresa de las cerca de 10 mil personas que se apiñaban en los 9.167 metros cuadrados de la plaza Hermógenes Cumplido”. Razones por las que en algunas localidades las autoridades han vetado o restringido las corralejas. (Recuperado de https://www.elheraldo.co/sucre/la-tragedia-de-las-corralejas-38-anos-despues-450078)


Luego de que el 22 de agosto de 2018 se reportara que la Corte Constitucional en un fallo había anulado la decisión del año anterior “que había incluido a las corridas de toros en la lista de eventos en los que se comete maltrato animal” reviviendo la posibilidad de hacer corridas de toros en la Santamaría de Bogotá (Recuperado de https://www.eltiempo.com/justicia/cortes/corte-constitucional-revivio-las-corridas-de-toros-en-el-pais-258864), el diario El Colombiano de Medellín, el 7 de diciembre de 2018, publicó una noticia en la que se anuncia que por razones contractuales y con el 51% de los abonos y publicidad vendidos se cancelaba la temporada taurina 2019 en esa ciudad. (Recuperado de www.elcolombiano.com/antioquia/corridas-de-toros-en-medellin-cancelada-la-edicion-28-de-la-feria-taurina-en-2019-NH9779906).


Aunque protegidas por decisiones de la Corte Constitucional colombiana como manifestaciones culturales, a las corridas de toros las asechan la discusión sobre la violencia, el maltrato animal, lo público, la economía ganadera, los procesos sociales, culturales e históricos, donde las posiciones radicalizadas atraviesan la polémica sobre este tema, se hace necesario buscar espacios de encuentro que permitan una discusión abierta y pública sobre las implicaciones sociales de esta manifestación cultural de arraigo popular que superen la aproximación superficial de las posiciones enfrentadas.